23 de septiembre de 2009

Fragmento

Walt Whitman
Creo en tí, alma mía- El otro que soy no debe rebajarse
ante ti;
Y tú no debes rebajarte ante el otro.
Acuéstate conmigo sobre la hierba- cállate;
No quiero palabras, ni música, ni ritmos- ni trajes, ni
lecturas, aunque sean lo mejor,
Sólo tu arrullo me agrada, el susurro de tu contenida voz.
Recuerdo cómo una vez que estábamos tendidos, durante
una transparente mañana de verano,
Apoyando tu cabeza de través sobre mis muslos, te volviste
gentilmente hacia mí,
Entreabriendo la camisa sobre mis pechos, hundiste la
lengua hasta mi desnudo corazón,
Y tendiéndote a lo largo de mi cuerpo, a él te adheriste
desde mis barbas hasta los pies,
Rápidamente se irguieron y se esparcieron en torno mío
la paz y la sabiduría, que superan a todos los argumentos
de la tierra;
Y sé que la mano de Dios es la promesa de la mía,
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,
Y que todos los hombres nacidos son mis hermanos, y las
mujeres mis hermanas y mis amantes,
Y que el germen de la creación es el amor,
Y son incontables los erectos o marchitos tallos que cubren
los campos;
Y las oscuras hormigas afanándose debajo de aquellos más
tiernos;
Y las musgosas costras que recubren las carcomidas vallas,
los montículos de piedras, el saúco, el gordolobo y el
eléboro.
Fragmento extraído del libro "Leaves of Grass" (Hojas de Hierba) de Walt Whitman de 1855.

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